historia de la masoneria
domingo, 19 de noviembre de 2006

Extracto del preámbulo histórico incluido en el Ritual del Aprendiz Masón, cuarta edición con fecha de 1947, de las Obras Masónicas Oficiales publicadas por la masonería española durante su exilio en México.

Según he podido comprobar, este preámbulo ha sido eliminado casi por completo de los rituales que son practicados por los masones en la actualidad.

Si quieres leer la historia de la masonería completamente sigue el enlace de más abajo.

Natural es que todo hombre que ingrese en una Institución pretenda conocer lo más íntimamente posible los fundamentos de la misma y cuantas nociones puedan ilustrarle sobre los fines que persigue y los móviles que originaron su formación.


El Aprendiz Masón debe, por lo tanto, adquirir los mayores conocimientos históricos de la Francmasonería Universal, recurriendo a la lectura de las excelentes obras publicadas por los esclarecidos masones nacionales y extranjeros que a tan interesantes asuntos han dedicado su inteligencia y actividad.


Para facilitar este estudio se busca el medio de poder reunir en una sola obra cuantos datos y conocimientos históricos han sido adquiridos acerca de nuestra Augusta Orden, realizando un trabajo sintético que, a la vez que conciso, sea completo y proporcione a los masones jóvenes el complemento de su instrucción basado en el conocimiento de la importante intervención que ha tenido la Francmasonería en la Historia de la Humanidad.


De esperar es que esa obra útil sea emprendida, viniendo a satisfacer las aspiraciones de los que, como nosotros, consideran necesarios estos conocimientos para ilustrar a los Aprendices y tener en las Logias hermanos que desde el primer grado de su carrera masónica estén penetrados de la grandeza de la Institución a que pertenecen.


En tanto que esto se realiza, creemos conveniente hacer preceder un Ritual, que, como el presente está consagrado al Aprendiz Masón, de algunas consideraciones sobre la Historia de la Francmasonería, teniendo a la vista las obras publicadas por los ilustres masones Casard, Ragón, Clavel, Almeida, Des Etangs y otros, y también Le Manuel MaÇonique, escrito por un antiguo y peritísimo masón, e impreso en París el año de 1830.


La Masonería ha nacido del odio al mal y del amor al bien. Es, por consiguiente, tan antigua como el Mundo, y durará mientras éste exista.
Ha sufrido variaciones, cuya causa hemos de ver muy pronto, siendo su Historia de importancia suma, puesto que es la de todo el género humano.

Puede dividirse en tres épocas. La primera comprende los tiempos antiguos en que se establecieron en la India famosas escuelas que transmitieron las Ciencias al Egipto, éste a la Grecia y esta última a Roma, que a su vez las comunicó a los innumerables pueblos que en el concepto de aliados o sometidos dependían de la Ciudad Eterna.

La segunda época comienza con el Cristianismo, cuando los judíos eran esclavos de los romanos, y éstos de sus propios tiranos, cuando la igualdad y la fraternidad fueron tan elevadamente proclamadas por el Evangelio, y cuando los primeros cristianos sufrieron la muerte por defender estas doctrinas, que, sostenidas en aquel tiempo en toda su pureza, constituían el hecho de una revolución social.

La tercera época histórica abraza desde el renacimiento de las letras en el siglo XV hasta nuestros días.

La India primitiva puede ser considerada como el primer foco luminoso por la concentración de los conocimientos adquiridos, que más tarde se esparcieron para ser reflejados, en parte, sobre las Naciones que la han sucedido. Sobre la base del conocimiento de las Ciencias y de la Humanidad se fundó la Theogonía de Indra, y así se estableció la unidad del Creador y la del género humano; pues no teniendo los hombres más que un padre común, no podían formas más que una casta, quedando planteada la igualdad civil, que en el provenir había de producir la libertad del pensamiento y la fraternidad universal, primera base moral de los misterios de la Francmasonería. La pureza de estos principios se alteró por la tradición, y después de muchos siglos apareció Manú con sus leyes, presentadas como nacidas de la revelación y recopiladas en doce libros. Proclamó tres dioses o tres soles: el de primavera (formación), el de estío (crecimiento, propagación) y el sol de invierno (destrucción, transformación), y un solo dios, un solo sol, representado bajo tres modos de acción.

Esta antigua doctrina, de tres principios o de tres edades del hombre y del año (que entonces sólo tenía tres estaciones), es el origen del sistema ternario manifestado en las antiguas iniciaciones, y más tarde en la Francmasonería simbólica, cuyos tres grados están en relación directa con los tres soles de Manú.

Estos fueron personificados ocho siglos después, y se reconoció a Brahma (dios formador), Vichnú (dios conservador) y Rudra o Siva (dios destructor), simbolizándose en esta doctrina las tres edades del hombre como en la de Indra; pero los brahmanes, sacerdotes de estas creencias, se erigieron en tiranos y, pervirtiendo los primitivos dogmas, establecieron una legislación antisocial. Dividiendo a los hombres en castas y considerando a los que no pertenecían al orden sacerdotal como seres inferiores y despreciables.

Un hombre ilustre de la raza zenda, Zoroastro, el reformador de los Magos, convertidos en discípulos suyos, aparece en el año 2160 antes de nuestra era. Penetrado en los principios sociales y de las leyes de Indra, y menospreciando el brahmanismo que proclamaba la división de los pueblos, el aislamiento de las familias, el odio al trabajo y la esclavitud de la mujer, enseñó a los bactrianos y a los persas la ciencia astronómica, y esparció una doctrina moral, fundada en el amor al prójimo, y un dogma basado en la unidad de Dios.

Zoroastro instruía a sus discípulos en reuniones secretas, que comenzaban al mediodía y terminaban a media noche, con una comida modesta y fraternal. De esto dimana, sin duda, la costumbre de designar estas mismas horas para abrir y cerrar nuestros trabajos simbólicos.

En unión de sus discípulos civilizó la Ariana, región central de la India, de laque difiere por su temperatura constantemente suave. En casi toda la India, los climas son tan diversos como las razas, y las costumbres detestables: el orgullo, el egoísmo, el odio a la asociación, el fanatismo, el desprecio al trabajo y la astucia dominaban entre los indios, como fatal consecuencia de las enseñanzas de los brahmanes.

En la Ariana existía una sola raza próspera y feliz, bajo las sabias leyes de Zoroastro; la mujer no era una esclava, sino la compañera del hombre y directora del hogar; como el hombre, podía aspirar al sacerdocio: no había castas privilegiadas; la esclavitud era desconocida; el trabajo era ensalzado, y las tareas agrícolas consideradas como la plegaria más grata a Dios.

En este pueblo afortunado, donde estuvo siempre en vigor la máxima de Zoroastro: Ama a tu prójimo como a ti mismo, la moral era honrada; la virtud de la mujer, respetada; las industrias y las ciencias, recompensadas y emuladas; las relaciones, benévolas entre todos, y la piedad de tal modo desarrollada, que ni aun era permitido hostigar ni maltratar a los animales.

El dios de Zoroastro y de los Magos era infinitamente misericordioso. Todo hombre, aun el más perverso, debía arrepentirse y obtener su perdón, es decir, que para los que seguían el mazdeísmo no existía infierno, sino purgatorio y paraíso.

Estas enseñanzas, que hacen de Zoroastro el más ilustre de los iniciados y el modelo de los masones, fueron aceptados por los budhistas y por los filósofos del Asia, y sus doctrinas se encuentran en el Zend Avesta y el Boun-Debesh.

En el año 1029 antes de nuestra era nació Gutamas, llamado Budha, que quiere decir sabio. Este hombre singular, educado en el seno del Brahmanismo, dotó al mundo de una ley nueva y de una luz más civilizadora tomada del antiguo hogar de Indra y transmitida por los Magos, discípulos de Zoroastro. Se declaró el reformador del brahmanismo y abolió de él todas las instituciones antisociales y contrarias a la ley natural.

Proclamó un Dios único, formador del Universo y padre de todos los hombres, los que se consideraban semejantes entre sí y no formando más que una sola casta, obligados a vivir en un estado de igualdad social y de fraternidad universal, bajo el régimen de la solidaridad humana.

Desembarazados de prácticas supersticiosas y degradantes, de pueriles observancias, de preocupaciones bárbaras y embrutecedoras, de todo, en fin, cuanto se opone a la razón humana, los budhistas abrieron la vía del progreso, y por él marcharon resueltamente; declararon la igualdad de derechos del hombre y de la mujer, moralizaron los lazos de la familia y las relaciones sociales, y establecieron recompensas para la ciencia, la virtud y el trabajo.

El número de los sectarios de Budha pasa de 200 millones; pero habiendo exagerado sus dogmas, han pervertido la doctrina primitiva, y la mayoría se han entregado a tan exagerada abstracción para purificarse mejor de las manchas de la existencia, que se han convertido en cenobitas, inútiles a la sociedad.

En las nociones históricas de la antigüedad que quedan expuestas se apoya el ilustrado h:. J.M. Ragón para exclamar: << ¡Masones de todos los ritos, hombres esclarecidos de todos los países, Indra, Zoroastro y Budha: he aquí vuestros primeros fundadores!>>

Los sabios legisladores de la India, que se dedicaron al cultivo de las artes y de las especulaciones científicas, no podían aisladamente conseguir separar los obstáculos que se oponían al desenvolvimiento progresivo de la moral universal, y para lograrlo se asociaron en secreto, dando el nombre de Misterios a los métodos empleados para comunicar el conjunto de conocimientos adquiridos, y llamándose iniciados a los que pertenecían a la expresada asociación.

Las pruebas para llegar a ser iniciados eran difíciles, y los aspirantes necesitaban acreditar poseer virtudes especialísimas para merecer este favor, resultando que sólo los hombres capaces de todo género de sacrificios por la causa de la Ciencia y de la Humanidad podían ser admitidos entre los grandes Sacerdotes que sostenían y practicaban los Misterios de la India.

Estos misterios, conservados por la tradición, se unieron, para adquirir mayor brillantez e importancia, a la religión y a los Misterios de los Sacerdotes egipcios. Las pruebas que se exigían para ser iniciado en los de Isis y Osiris eran terribles, complicadas y célebres; los pocos que salían ilesos de las pruebas físicas y tenían el suficiente valor para soportar las morales se igualaban a los sacerdotes, y gozaban de las ventajas que pueden proporcionar la virtud y la ciencia.

 

La celebridad de los Misterios egipcios excitó tan vivo interés, que todos los hombres ilustres de diversos países, especialmente los filósofos de la Grecia, acudieron a los Sacerdotes para se iniciados. Lo fue Moisés, que preparaba las leyes para el pueblo hebreo, que empezaba a nacer; Triptoleno, príncipe griego que elevó un templo a Ceres, enseñó la agricultura e instituyó los pequeños y grandes Misterios de Eleusis; Orfeo, de Samotracia; Pitágoras, fundador en Crotona de la escuela misteriosa de filosofía que llevó su nombre, y en la cual sólo se rendía ferviente culto a la sabiduría y a la fraternidad. Iniciados fueron también todos los hombres que brillaron en la Grecia como oradores, matemáticos, poetas, historiadores, etc.

Los romanos, conquistadores del mundo entonces conocido, adquirieron de la Grecia y del Asia Menor los conocimientos científicos y practicaron las iniciaciones en los Misterios de Apolo y de Adonis.

Más tarde se fundaron las Sociedades secretas de arquitectos francos de contribuciones, en las cuales se ha reconocido cierta semejanza entre las aspiraciones de aquellos hombres y los ideales que constituyen el programa moral de la Francmasonería moderna.
 
<<Según Des Etangs, los Misterios degeneraron en Egipto y Grecia; Pitágoras y sus discípulos fueron perseguidos, y la refulgente luz de la ciencia estuvo apunto de extinguirse, cuando Salomón tuvo la idea de hacer revivir los Misterios de la iniciación primitiva importada del Egipto por Moisés, el gran legislador del pueblo hebreo.

La magnificencia y belleza del templo que mandó construir, y el orden que había reinado para la distribución del trabajo entre el número prodigioso de obreros que tomaron parte en la construcción, fue causa de que reuniera a los jefes de las obras y les propusiera edificar moralmente un templo semejante en todo al que acababan de construir. Todos consintieron en ello, y los obreros materiales, hombres instruidos, se convirtieron en obreros simbólicos, y poco a poco, en sabios que practicaban y enseñaban la moral bajo el velo de la alegoría.

Después de la muerte de Salomón fue destruida Jerusalén y dispersado el pueblo hebreo. Esa misma Masonería esparcida por toda la tierra, no fue patrimonio sino de algunas Sociedades conocidas apenas, hasta el tiempo en que la moral evangélica indujo a los hombres a reunirse en secreto para practicar unos preceptos que estaban en armonía con la nueva religión predicada por Jesús>>

Por otra parte, los Misterios que se practicaban en las Galias por los Celtas concluyeron cuando los clarines de las legiones romanas resonaron en los sagrados bosques druídicos, anunciando la destrucción y el exterminio.

 

La segunda época histórica de la Francmasonería es poco conocida y apenas duró tres siglos bajo el Cristianismo. Pereció casi por completo en la época de Constantino, a consecuencia de las enconadas disputas teológicas y a la impericia de sus sucesores, y desde entonces, si la Masonería existió, fue sólo entre una clase determinada, entre los obreros talladores de piedras, que en sus Logias juraban no revelar a los profanos o no iniciados los secretos del arte de la construcción, y no proporcionar trabajo más que a aquellos que por medio de signos especiales se dieran a conocer como iniciados.

Sin embargo, varios historiadores sostienen que la Francmasonería fue introducida en Europa bajo tal denominación por los Cruzados, a su vuelta de Palestina, y que recibieron la iniciación y estudiaron los Misterios tradicionales en el Asia, en donde eran conservados por el corto número de cristianos que allí se contaban, no siendo extraño que los nuevos iniciados hubiesen adoptado, al par que el lenguaje simbólico de los primeros, el proyecto moral de la reconstrucción del templo de Jerusalén, aspiración constante de los hebreos, con los cuales fraternizaron, y que tomaron el nombre de Masones Libres en oposición al oficio vulgar de albañiles, que en aquella época era sólo practicado por esclavos. De aquí nació el hecho de que para ser admitido a la iniciación era requisito indispensable ser hombre libre, y así se explica que la Masonería haya tomado de la Biblia muchos de sus emblemas y alegorías, como medio de enlazar los antiguos Misterios a los modernos.

Por un cambio demasiado frecuente en las revoluciones, los sacerdotes de la religión cristiana, los que predicaban la libertad y la igualdad, se erigieron en señores de sus hermanos. Olvidaron por completo la sencillez y humildad recomendada por el Evangelio y jurada por ellos; se formaron un reino de este mundo y reinaron orgullosamente, empuñando la espada destructora al par que colocaban la corona sobre sus cabezas, e impusieron, bajo pena de muerte, nuevos dogmas y nuevas prácticas y creencias.

Ya no eran los perseguidores de la verdadera doctrina de Jesús los Tiberios, Calígulas y Dioclecianos; lo fueron sus innovadores creando una especie de esclavitud hasta entonces desconocida, a la que querían someter a todos los hombres, haciéndoles abandonar su inteligencia y abjurar de la razón humana.

Después comenzaron aquellas terribles guerras de religión y aquella serie de asesinatos y persecuciones que duraron doce siglos. La intolerancia de los Papas produjo el cisma de la Iglesia Cristiana, dando origen a la Reforma y al desarrollo de sangrientos sucesos como la Saint-Barthélemy; y en una parte asesinando hugonotes, en otras quemando herejes, es decir, hombres de otras creencias; más allá sepultando en calabozos a los que, guiados por la luz de la ciencia, realizaban notables descubrimientos contra los que los doctores religiosos habían consignado como dogma de fe, el poder negro del fanatismo llegó a dominarlo todo, desde la nación hasta la familia.

De este modo vino a ser la augusta religión de paz y caridad, en las manos sacrílegas de los que por ella encubiertos escalaron el poder espiritual, el arma alevosa con que sostuvieron sus privilegios y conservaron su omnipotencia.

De esta manera convirtieron la religión de paz, tolerancia y amor en negro estandarte de guerra y exterminio, e hicieron desaparecer del mundo la luz de la verdad, y las tinieblas de la ignorancia, la tiranía y la superstición cubrieron la tierra durante mil doscientos años.

Las Corporaciones masónicas de obreros de la Edad Media no extendían tal vez sus concepciones idealistas más allá del círculo de sus actividades técnicas, pero sus miembros estaban estrechamente unidos, más que por la identidad de sus gustos artísticos, por el interés moral que en ellos determinaba el amor a los derechos individuales y a la libertad.

En medio de las violaciones del Derecho que caracterizaban estas épocas sombrías, los Masones Libres, despojados de algunas preocupaciones y con su inteligencia reforzada por la enseñanza y el ejemplo en sus mismas Asociaciones, constituían fuertes grupos que nadie osaba tocar.

Los elementos sanos que suspiraban por la libertad de pensar y vivir en las épocas del oscurantismo han buscado aquellas Asociaciones que podían satisfacer sus deseos morales e intelectuales sin temor a la persecución de los fanáticos y del vulgo ineducado, y fijándose en las Logias de Masones Libres, solicitaron ser recibidos en ellas para gozar de las ventajas que la solidaridad les proporcionaba. Entraron en la Sociedad personas ajenas al arte de la construcción; los obreros manuales fuéronse poco a poco dispersando, pues desde los tiempos de la Reforma habían continuado escaseando las construcciones de carácter religioso, y así nació la Masonería actual, más parecida a la primitiva, volviéndose a poner en uso los ritos de la antigüedad, y el nuevo edificio moral que los masones empezaron a construir fue cimentado sobre aquellas bases, si bien reformadas por el espíritu progresivo de los dos últimos siglos.

En Inglaterra fueron recibidos primero que en los demás países los obreros intelectuales, o sean los filósofos, en las Logias de Constructores, con grandes dificultades y reservas al principio, pero después más fácilmente en concepto de Masones Libres y Aceptados, y ellos transformaron estas Corporaciones Masónicas en Colmenas Intelectuales. Esta transformación se completó más pronto a consecuencia de la decisión tomada en 1703 por la Logia St. Paul de Londres, en la que se declaraba que los privilegios masónicos no se concretaban en las Logias de constructores, sino que se extendían a las constituidas por los hombres instruidos de las diferentes profesiones, siempre que hubieran sido iniciados en la Orden.

A propósito de esto, dice el historiador Clavel: <<Había en las doctrinas masónicas un privilegio civilizador que sólo faltaba desarrollar; y cuando las trabas que le contenían y aprisionaban en los estrechos límites de una asociación mecánica hubieran tal vez concluido por destruirlo, adquirió todo su poder, y penetrando instantáneamente en las entrañas del cuerpo social, le hizo renacer a una nueva vida.>>

Las Logias masónicas inglesas nacidas de las Colmenas Intelectuales se esparcieron por toda Europa, y se fundaron: en París y en Hamburgo, en 1725; en 1727, en Portugal; en 1728, en España; en 1731, en Moscú y en los Países Bajos; en Suecia, en 1736; en Dinamarca, en la misma época, etc.; extendiéndose más tarde en los demás países del Continente europeo y, por último, en el Continente americano.

En la actualidad se encuentra la Francmasonería esparcida por las cinco partes del globo terráqueo, en donde sus trabajos incesantes en beneficio del progreso humano han extirpado más o menos radicalmente la ignorancia y el fanatismo en muchas naciones, y se afana en otras, menos afortunadas, para conseguir realizar sus fines sociales, basados en el principio de la fraternidad entre los hombres y en la libertad de todos los pueblos.

La Historia de la Francmasonería moderna ha sido escrita en cada nación con mayor número de datos que la antigua, en la que se notan muchos puntos mal definidos, como consecuencia de la falta de documentos, cuyo extravío puede atribuirse a las continuas persecuciones de que nuestros hermanos han sido objeto, viéndose tal vez obligados a ocultar o destruir gran número de preciosos materiales que hubieran esclarecido notablemente la Historia de nuestra Augusta Institución.

Veneremos, sin embargo, su antigüedad, declaremos su importancia y no dudemos que la existencia de la Francmasonería será tan duradera como la del hombre, porque siempre habrá esclavos que emancipar, infortunios que socorrer y errores que combatir...