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El dios de Zoroastro y de los Magos era infinitamente misericordioso. Todo hombre, aun el más perverso, debía arrepentirse y obtener su perdón, es decir, que para los que seguían el mazdeísmo no existía infierno, sino purgatorio y paraíso.
Estas enseñanzas, que hacen de Zoroastro el más ilustre de los iniciados y el modelo de los masones, fueron aceptados por los budhistas y por los filósofos del Asia, y sus doctrinas se encuentran en el Zend Avesta y el Boun-Debesh.
En el año 1029 antes de nuestra era nació Gutamas, llamado Budha, que quiere decir sabio. Este hombre singular, educado en el seno del Brahmanismo, dotó al mundo de una ley nueva y de una luz más civilizadora tomada del antiguo hogar de Indra y transmitida por los Magos, discípulos de Zoroastro. Se declaró el reformador del brahmanismo y abolió de él todas las instituciones antisociales y contrarias a la ley natural.
Proclamó un Dios único, formador del Universo y padre de todos los hombres, los que se consideraban semejantes entre sí y no formando más que una sola casta, obligados a vivir en un estado de igualdad social y de fraternidad universal, bajo el régimen de la solidaridad humana.
Desembarazados de prácticas supersticiosas y degradantes, de pueriles observancias, de preocupaciones bárbaras y embrutecedoras, de todo, en fin, cuanto se opone a la razón humana, los budhistas abrieron la vía del progreso, y por él marcharon resueltamente; declararon la igualdad de derechos del hombre y de la mujer, moralizaron los lazos de la familia y las relaciones sociales, y establecieron recompensas para la ciencia, la virtud y el trabajo.
El número de los sectarios de Budha pasa de 200 millones; pero habiendo exagerado sus dogmas, han pervertido la doctrina primitiva, y la mayoría se han entregado a tan exagerada abstracción para purificarse mejor de las manchas de la existencia, que se han convertido en cenobitas, inútiles a la sociedad.
En las nociones históricas de la antigüedad que quedan expuestas se apoya el ilustrado h:. J.M. Ragón para exclamar: << ¡Masones de todos los ritos, hombres esclarecidos de todos los países, Indra, Zoroastro y Budha: he aquí vuestros primeros fundadores!>>
Los sabios legisladores de la India, que se dedicaron al cultivo de las artes y de las especulaciones científicas, no podían aisladamente conseguir separar los obstáculos que se oponían al desenvolvimiento progresivo de la moral universal, y para lograrlo se asociaron en secreto, dando el nombre de Misterios a los métodos empleados para comunicar el conjunto de conocimientos adquiridos, y llamándose iniciados a los que pertenecían a la expresada asociación.
Las pruebas para llegar a ser iniciados eran difíciles, y los aspirantes necesitaban acreditar poseer virtudes especialísimas para merecer este favor, resultando que sólo los hombres capaces de todo género de sacrificios por la causa de la Ciencia y de la Humanidad podían ser admitidos entre los grandes Sacerdotes que sostenían y practicaban los Misterios de la India.
Estos misterios, conservados por la tradición, se unieron, para adquirir mayor brillantez e importancia, a la religión y a los Misterios de los Sacerdotes egipcios. Las pruebas que se exigían para ser iniciado en los de Isis y Osiris eran terribles, complicadas y célebres; los pocos que salían ilesos de las pruebas físicas y tenían el suficiente valor para soportar las morales se igualaban a los sacerdotes, y gozaban de las ventajas que pueden proporcionar la virtud y la ciencia.
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