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historia de la masoneria PDF Imprimir E-Mail
domingo, 19 de noviembre de 2006
Indice de Artículos
historia de la masoneria
Los tres grados
Los fundadores
Egipto
Cristianismo
Corporaciones

Las Corporaciones masónicas de obreros de la Edad Media no extendían tal vez sus concepciones idealistas más allá del círculo de sus actividades técnicas, pero sus miembros estaban estrechamente unidos, más que por la identidad de sus gustos artísticos, por el interés moral que en ellos determinaba el amor a los derechos individuales y a la libertad.

En medio de las violaciones del Derecho que caracterizaban estas épocas sombrías, los Masones Libres, despojados de algunas preocupaciones y con su inteligencia reforzada por la enseñanza y el ejemplo en sus mismas Asociaciones, constituían fuertes grupos que nadie osaba tocar.

Los elementos sanos que suspiraban por la libertad de pensar y vivir en las épocas del oscurantismo han buscado aquellas Asociaciones que podían satisfacer sus deseos morales e intelectuales sin temor a la persecución de los fanáticos y del vulgo ineducado, y fijándose en las Logias de Masones Libres, solicitaron ser recibidos en ellas para gozar de las ventajas que la solidaridad les proporcionaba. Entraron en la Sociedad personas ajenas al arte de la construcción; los obreros manuales fuéronse poco a poco dispersando, pues desde los tiempos de la Reforma habían continuado escaseando las construcciones de carácter religioso, y así nació la Masonería actual, más parecida a la primitiva, volviéndose a poner en uso los ritos de la antigüedad, y el nuevo edificio moral que los masones empezaron a construir fue cimentado sobre aquellas bases, si bien reformadas por el espíritu progresivo de los dos últimos siglos.

En Inglaterra fueron recibidos primero que en los demás países los obreros intelectuales, o sean los filósofos, en las Logias de Constructores, con grandes dificultades y reservas al principio, pero después más fácilmente en concepto de Masones Libres y Aceptados, y ellos transformaron estas Corporaciones Masónicas en Colmenas Intelectuales. Esta transformación se completó más pronto a consecuencia de la decisión tomada en 1703 por la Logia St. Paul de Londres, en la que se declaraba que los privilegios masónicos no se concretaban en las Logias de constructores, sino que se extendían a las constituidas por los hombres instruidos de las diferentes profesiones, siempre que hubieran sido iniciados en la Orden.

A propósito de esto, dice el historiador Clavel: <<Había en las doctrinas masónicas un privilegio civilizador que sólo faltaba desarrollar; y cuando las trabas que le contenían y aprisionaban en los estrechos límites de una asociación mecánica hubieran tal vez concluido por destruirlo, adquirió todo su poder, y penetrando instantáneamente en las entrañas del cuerpo social, le hizo renacer a una nueva vida.>>

Las Logias masónicas inglesas nacidas de las Colmenas Intelectuales se esparcieron por toda Europa, y se fundaron: en París y en Hamburgo, en 1725; en 1727, en Portugal; en 1728, en España; en 1731, en Moscú y en los Países Bajos; en Suecia, en 1736; en Dinamarca, en la misma época, etc.; extendiéndose más tarde en los demás países del Continente europeo y, por último, en el Continente americano.

En la actualidad se encuentra la Francmasonería esparcida por las cinco partes del globo terráqueo, en donde sus trabajos incesantes en beneficio del progreso humano han extirpado más o menos radicalmente la ignorancia y el fanatismo en muchas naciones, y se afana en otras, menos afortunadas, para conseguir realizar sus fines sociales, basados en el principio de la fraternidad entre los hombres y en la libertad de todos los pueblos.

La Historia de la Francmasonería moderna ha sido escrita en cada nación con mayor número de datos que la antigua, en la que se notan muchos puntos mal definidos, como consecuencia de la falta de documentos, cuyo extravío puede atribuirse a las continuas persecuciones de que nuestros hermanos han sido objeto, viéndose tal vez obligados a ocultar o destruir gran número de preciosos materiales que hubieran esclarecido notablemente la Historia de nuestra Augusta Institución.

Veneremos, sin embargo, su antigüedad, declaremos su importancia y no dudemos que la existencia de la Francmasonería será tan duradera como la del hombre, porque siempre habrá esclavos que emancipar, infortunios que socorrer y errores que combatir...